Distorsiones cognitivas
A veces no es la situación lo que provoca ansiedad, sino la interpretación que hacemos de ella. La mente, con buena intención, intenta adelantarse al peligro… pero a veces exagera. La ansiedad es experta en hacer películas donde todo sale mal.

David D. Burns habla de distorsiones cognitivas: filtros que deforman la realidad. No es un concepto teórico; en la clínica lo veo todas las semanas. Cuando la mente exagera el riesgo, el cuerpo reacciona como si el peligro fuera real.
Tres distorsiones aparecen constantemente:
- Catastrofismo: imaginar el peor final posible.
- Lectura de pensamiento: asumir que los demás nos juzgan.
- Predicción negativa: dar por hecho que todo saldrá mal.
Ejemplo clínico (no real):
Santiago, 30 años, iba a comenzar un nuevo trabajo. Antes de entrar ya pensaba:
“Van a darse cuenta de que no sirvo.”
“Nadie va a querer trabajar conmigo.”
Era una historia anticipada, no una evidencia
Cuando revisamos estos pensamientos, suelo usar tres preguntas simples:
- ¿Qué pruebas tengo de que esto es verdad?
- ¿Qué evidencia tengo en contra?
- ¿Qué le diría a un amigo que piensa lo mismo?
La emoción no desaparece, pero se vuelve más manejable. La mente se vuelve menos rígida.
Otro caso frecuente es el catastrofismo
Una paciente, Valentina, decía antes de una reunión: “Si me equivoco, chau carrera.”
Cuando le pedí estimar la probabilidad real, dijo: “Creo que un 5 %.”
Ese contraste ya baja la intensidad emocional.
La TCC propone nombrar la distorsión, buscar datos y reescribir la historia con honestidad, no con optimismo ingenuo.
Cuando dejamos de alimentar películas de terror, la ansiedad pierde fuerza. La idea no es eliminar pensamientos negativos, sino tratarlos como lo que son: hipótesis, no sentencias.



