La evitación: el combustible oculto del miedo

Hay algo que la ansiedad hace muy bien: convencernos de no ir. Evitar hablar en público, evitar situaciones sociales, evitar decir lo que pensamos, evitar mirar a los ojos.
La caída de Ícaro

En el mito griego, Ícaro no cae por ignorancia. Cae por exceso. Su padre, Dédalo, le advierte con claridad: no volar demasiado bajo, para que el mar no moje las alas; ni demasiado alto, para que el sol no derrita la cera. Ícaro escucha… pero no registra. Se eleva, se acerca al sol y cae.
Cuando la mente cuenta historias de miedo

A veces no es la situación lo que provoca ansiedad, sino la interpretación que hacemos de ella. La mente, con buena intención, intenta adelantarse al peligro
No todo perfeccionismo es un problema

El perfeccionismo suele disfrazarse de virtud. Querer hacer las cosas bien es sano; el problema aparece cuando la exigencia se vuelve un examen permanente.
El sofá sabía lo que hacías

A veces no es falta de voluntad, sino exceso de amenaza. No evitamos la tarea: evitamos la emoción que despierta. La procrastinación no es pereza.
Cuando el plato reemplaza al abrazo

A veces, cuando el cuerpo pide azúcar, en realidad está pidiendo ternura, pausa o reconocimiento.
Escuchar lo que comemos puede decirnos mucho de lo que callamos.
Baterías bajas

No siempre es flojera. A veces es cansancio emocional acumulado, sin permiso para detenerse. El cuerpo baja la velocidad cuando la mente no se permite parar.
El mensaje que nunca llegó

El siguiente artículo surge a partir de la articulación entre mi práctica clínica y la lectura del libro “Procesos Cognitivos: Modelos y Bases Neurales” de Edward E Smith y Stphen M Kosslyn.